Escribir es un ejercicio de razón y de pasión. Sabemos que, cuando ésta anda por medio, la objetividad es un camelo, una entelequia. Y si fuera posible no sería conveniente, en la prensa sólo encontraríamos una cabecera. El periodista que se escuda en la objetividad es un farsante, en el mejor de los casos nos narrará su visión-versión de los hechos, en el peor nos encontraremos con el relato que le interesa al patrón, la moto que le venda la parte contratante -siempre interesada- o la necedad que él intuya que usted quiere leer. Mas la subjetividad no debe cruzar la línea Maginot del respeto y la prensa deportiva la desborda asiduamente, Peña es el último ejemplo, la lista de epítetos escritos a partir de la entrada sobre Valerón deberían sonrojar a sus autores. Parto de una base: la tarascada de marras mereció ser castigada con tarjeta roja, pero es el resultado de un fútbol concebido al límite de la capacidad física del ser humano. Una milésima de segundo marca la diferencia entre llegar a tiempo al balón o a rebañar la pierna del delantero que se anticipó. Peña llegó tarde, punto. Se le expulsa, se sanciona y a otra cosa. No podemos volver a la época del escarnio público, ni podemos tolerar que la sana subjetividad se transforme en apología acrítica de una bandera discriminando, como asesino a Peña y como duro o noble a Duscher, por acciones idénticas. Me queda una duda: ¿Tendrían el mismo trato Puyol, Hierro, Ayala o Naybet si el lesionado fuese Pachón?. Tardaremos poco en saberlo.
jueves, 21 de febrero de 2008
Peña crucificado
Escribir es un ejercicio de razón y de pasión. Sabemos que, cuando ésta anda por medio, la objetividad es un camelo, una entelequia. Y si fuera posible no sería conveniente, en la prensa sólo encontraríamos una cabecera. El periodista que se escuda en la objetividad es un farsante, en el mejor de los casos nos narrará su visión-versión de los hechos, en el peor nos encontraremos con el relato que le interesa al patrón, la moto que le venda la parte contratante -siempre interesada- o la necedad que él intuya que usted quiere leer. Mas la subjetividad no debe cruzar la línea Maginot del respeto y la prensa deportiva la desborda asiduamente, Peña es el último ejemplo, la lista de epítetos escritos a partir de la entrada sobre Valerón deberían sonrojar a sus autores. Parto de una base: la tarascada de marras mereció ser castigada con tarjeta roja, pero es el resultado de un fútbol concebido al límite de la capacidad física del ser humano. Una milésima de segundo marca la diferencia entre llegar a tiempo al balón o a rebañar la pierna del delantero que se anticipó. Peña llegó tarde, punto. Se le expulsa, se sanciona y a otra cosa. No podemos volver a la época del escarnio público, ni podemos tolerar que la sana subjetividad se transforme en apología acrítica de una bandera discriminando, como asesino a Peña y como duro o noble a Duscher, por acciones idénticas. Me queda una duda: ¿Tendrían el mismo trato Puyol, Hierro, Ayala o Naybet si el lesionado fuese Pachón?. Tardaremos poco en saberlo.
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